CRÓNICAS

¡Ciclismo de altura!

Algunos participantes de la Tenerife Teide 360º, han querido compartir el antes y durante de la Prueba.

2018

Foto: Toñi Cruz

JULIÁN GÓMEZ :  “…LA CLAVE DE ESTAS CARRERAS NO ES OTRA COSA QUE COMER Y BEBER EN SUS TIEMPOS JUSTOS … LA OTRA CLAVE ES MARCARNOS NUESTRO PROPIO RITMO, IR DE MENOS A MÁS, …”

¡Suena el despertador! Son las 3:30 de la mañana y ya es hora de desayunar. ¿Cómo? Si mis hijos. Que mejor que un buen plato de pasta acompañado de una tortilla francesa y unas tostadas a semejante hora… mmmm, ¡se me hace la boca agua! (Nótese la ironía).

A estas horas y en condiciones normales cualquiera estaría en cualquier discoteca meneando su cuerpo como si de Un esquizofrénico se tratase, pero por mi parte esta vez no. Hoy es el desafío TENERIFE TEIDE 360, una carrera dura, preciosa y maravillosamente bien organizada por los chicos de 7Raid que era imposible resistirse a hacer. Para que se vayan haciendo la boca agua, una vez finalizada me salieron algo más de 125Km con un desnivel positivo de 3312m. Facilito, ¿no? Pues no, todo lo contrario; y en unos párrafos más adelante les voy a contar por qué.

La carrera tiene salida y meta en Vilaflor. Yo estoy en Tacoronte, de ahí el madrugón “extra”. Además a esto tenemos que añadirle un desayuno que debe haber finalizado unas 3h antes de la salida para que después no nos de un retortijón de esos de los que te acabas acordando. Tengo todo medio preparado y solo me falta recoger el dorsal antes de la salida, ya que por motivos de trabajo no había podido acudir a por él. Así que, bici en el coche, pasamos lista ultimando detalles para que no se nos quede nada y nos vamos a la salida.

Recojo el dorsal, el 7, me gusta el número, ya con solo quedar en esa posición puedo quedarme más que satisfecho. Hace frío pero el día parece que va a acompañar. Con unos manguitos, camisa interior y el propio maillot será suficiente. Estos lobos me van a hacer sudar de lo lindo desde el minuto 1 de carrera, así que estoy seguro que transcurridos 5 minutos, la mitad de la ropa me va a sobrar. Por si acaso me llevo un chaleco cortavientos y comida; mucha comida, siempre en exceso por si las moscas. 6 geles, 4 barritas y 2 bidones de 750ml (uno con agua y otro con sales) más lo que pueda pillar en los avituallamientos. Otra cosa importantísima, un bolso de sillín con cámara de repuesto, unos parches, pastillas de freno con su separador, un eslabón rápido, un obus, desmontables, una cámara de CO2, bomba y el material obligatorio: luces, silbato y manta térmica. ¡Malo será que me toque todo en un día! Aunque conociéndome, soy más salado que la propia agua del mar. Mejor cargarlo.

Cierro el coche, me meto las llaves en el bolsillo (máaaas cosas a cargar y perdiendo más vatios aun… jejeje), me voy al arco de salida y… ¡he tenido suerte! Tengo dorsal preferente y podré salir en la parte delantera de la parrilla juntos con los lobos, espero que no me coman antes de salir. Saludamos, nos reímos, vacilamos por la hora y por el frío (a quién se le ocurre montar en bici a esa hora… ¡hay que estar loco!) y 5, 4, 3, 2, 1… ¡ADELANTE! Empieza lo serio.

Foto: Toñi Cruz

Salimos neutralizados hasta la carretera general y a partir de ahí nos tocará subir unos 2,5km por asfalto hasta el inicio de la pista pasando el famoso “Pino Gordo”. Se oyen risas, fiestas y charloteo, incluso cuando se da la salida oficial. Recordemos que es una carrera no competitiva, es un reto personal, pero como bien sabemos y basándonos en una ley no escrita simple, parca y habitual del ciclismo: “mariquita el último”. Así que a pesar de ello, hay algo de tensión y la cosa se pone más seria. Sigue habiendo charloteo y Richard, del Pelotón Tenerife, se pone a tirar junto con Blas, del Riu. Yo soy uno de los que sigue con las bromas y las risas pero miro el garmin y el pulso no para de subir, las charlas comienzan a disminuir y en cuestión de segundos el silencio de la noche se hace a nuestro pies junto con el ruido procedente del rozamiento de los tacos de las cubiertas con el pavimento. Ahí fue cuando me percaté de la situación. No se veía NADA más que aquello que nuestros focos unidos alumbraba. La sensación es increíble. Es una mezcla entre tensión y desconfianza por saber que habrá delante, si me voy a caer… con una paz, un ecosistema, un ambiente que pocas veces  vas a encontrar y que te producen una sensación plena. Bueno, que me voy por peteneras, tras unos minutos sin oír nada me da por decir: “que, ¿nadie se echa un chiste ahora?”, se oyen risas pero rápidamente todo vuelve a como estaba unido a un sonido más, la respiración más fuerte de todos y cada uno de nosotros. Se está subiendo rápido y se está notando. 

Fotos: Toñi Cruz

Entramos en la pista y en cabeza solo vamos Unai (Loro Parque), Gustavo (Tebik), Sergio Flores (Descendin), Lolo (Triciclos), Blas (Riu), Esteban Cardona (Probicis) y el aquí presente que pocos Km más adelante se quedaría descolgado. Se va rápido, e igual puedo aguantar algunos Km más a este ritmo (sin ser demasiado optimista) pero… queda mucho, muchísimo, y si sigo así no voy a llegar entero ni a Corral del Niño. Los dejo ir y comienzo a rodar unos Kms solo hasta que unos minutos más tarde me cogen por atrás Richard, Suso (Descendin) y Adriano Cordovés (Loro Parque). Rodamos juntos de noche por la pista que es un continuo falso llano que sube y baja hasta que llegamos al inicio del sendero del barranco de El Río, allá por el Km 16. Baja Suso primero, Richard después y yo detrás, hasta que pillamos a Blas bajado en la primera curva. Los demás se paran, ponen pie al suelo, yo también, pero consigo pasarles por un lado mientras trataban de volver a arrancar y continúo bajando con Adriano a mi rueda hasta que… ¡ZÁS! Trialera. Toca bajarse y andar. Terminamos de bajar el sendero, cruzamos el rio que había en el fondo del barranco y nos hacemos una sesión de 400m de trail running con la bici al hombro para salir de aquel agujero. Las patas duelen, pero nos subimos de nuevo a la bici, me como una barrita y continuamos la marcha.

Paréntesis. Cabe añadir que había personal de AEA, de varios club de 4x4 de la isla, militares…etc cada pocos Km, especialmente en los lugares más complicados, para velar por nuestra seguridad. Del mismo modo, en la bolsa del corredor se nos proporcionó un chip con GPS que permitía a la organización controlar la ubicación de cada uno de los corredores en directo. La señalización era perfecta durante toda la prueba, fácil de identificar aun en condiciones de poca luz. Mejor imposible, créanme.

Foto: Toñi Cruz

Amanece. ¡Que día mas espectacular¡ Aunque vayamos sufriendo, no podemos dejar de mirar como Helios comienza a hacer presencia. Espectacular el pantone rojo que va dejando a su paso.

De repente, unos Km más adelante nos encontramos a Cardona, había tenido una avería. Le ofrecemos nuestra ayuda y al percatarnos de que está solucionando su problema proseguimos nuestra marcha. Ahora todo es subida hasta Corral del Niño. Es la primera vez que paso por aquí, así que pregunto a Richard, que conoce el recorrido, que falta para llegar. Su respuesta es clara y concisa: “a 2h de carrera ya estaremos en Corral del Niño”. Y así fue. Con un crono de 2h 3 minutos llegué al asfalto situado en el cruce de la TF-24 con el cruce de Izaña tras unos 14 Km de subida continua. También decir que me había tomado hasta arriba un total de 2 barritas y 1 gel más medio bidón de sales y algún trago de agua. Blas y yo llevábamos una muy ligera ventaja respecto a Richard y Adriano en el momento de tocar asfalto. Suso había desaparecido. 

Foto: Toñi Cruz

Dejamos el asfalto y viramos a mano derecha para tomar nuevamente otra pista que nos llevaría a Ramón Caminero, donde a posteriori se daría salida a la Teide 180. Me pongo a tirar y a los pocos segundos me pilla Richard y me pasa. Se le va la bici en una curva poco más adelante debido al picón (ya se donde tengo que entrenar para practicar antes de ir a la Magma Bike en el Hierro) y nuevamente le vuelvo a pasar. Abro hueco poco a poco hasta que dejo de ver y oir a gente por atrás. Hace frío, mucho frío. No me pongo el chaleco para no perder tiempo respecto a mis rivales, pero no hubiese sido mala idea haberlo hecho. Hace frío, no siento los dedos de los pies y tampoco los de las manos. Me cuesta frenar, me cuesta concentrarme y trazar bien, pero ahí voy. Llego a Ramón Caminero, me obligan a bajarme de la bici, a caminar, y llego al primer avituallamiento sólido. Toca comer algo. Me como 3 galletas maría con dulce de guayaba y un bocadillo de nutella. Me llevo otro para el camino. Mientras tanto me pilla Adriano, él no para, me apresuro para que no se me escape y proseguimos juntos lo que queda de bajada y parte de la subida que seguirá a continuación.

A toda pastilla y dándome golpes en el pecho debido al empalague de semejantes manjares, bebiendo agua y bajando como un misil a rueda de Adriano con cuidado de no caerme, transcurridos 5 minutos consigo pegar la primera bocanada de aire (es broma, no es verdad, pero lo parecía). Empezamos a subir hasta la galería Roques de Caramujo para proseguir hacia la Piedra de los Pastores y todo lo que proseguía. Es una pista bastante pestosa, de sube y baja que dura unos 40km hasta el segundo avituallamiento sólido antes del Pinar de Chío. Que se dice rápido…

Dejo atrás a Adriano al poco de empezar a subir y comienzo solo mi aventura. Después de la bajada cuesta mover las piernas de nuevo, especialmente después de tanto frío, pero poco a poco me voy aclimatando y voy marcando mi ritmo nuevamente. Transcurren algunos Km más y de repente veo una silueta más adelante, no me lo esperaba, al menos no tan pronto. Es Lolo, se ve que se ha descolgado del grupo de adelante, lo veo, pero no quiero forzar, voy acercándome paulatinamente hasta que lo pillo. La pista cada vez se pone peor, está bastante rota, llevo poco aire atrás porque  me temo que he debido haber pinchado en algún momento sin darme cuenta y tengo que tener cuidado, porque puedo trillar la cubierta y decir rápidamente adiós a la carrera. Ya me he llevado algún susto y he pegado algún llantazo. Espero que aguante.

Proseguimos Lolo y yo unos largos Km, conversando de vez en cuando y deseando llegar al avituallamiento para comer, beber algo y reposar algo las piernas. Estamos fatigados, se nos nota. Se está haciendo muy dura y, a mi juicio, aun no ha llegado lo peor. Llegamos, nos tiramos hacia la comida con desesperación y reponemos fuerzas. Mientras, alguna foto nos cayó. Comentamos sobre nuestras sensaciones, sobre el recorrido… parece que después de todo no estamos tan mal. ¿Qué no? Él no, pero yo… ya verán. Me pongo en marcha antes que él hasta que entro en el trozo interminable de asfalto de la TF-38 (subida al Teide por Chío) que llegaría, una vez pasando por Pico Viejo, Boca Tauce y El Retamar, tras unas insuperables vistas del Padre Teide, al área recreativa de Las Lajas para tomar nuevamente una pista que nos llevaría hasta la meta en Vilaflor. Pero eeehhh, espérate un momento.

Foto: pedaleandoporcanarias.com

El asfalto se me hizo duro, durísimo. Conozco la subida, pero es larga. Hace viento y con la bici de MTB se va más lento. Las piernas me duelen y tengo el estómago algo revuelto. Creo que me pasé comiendo en el avituallamiento y el gas de la coca Cola… No paro de mirar atrás a ver si veo a alguno de mis perseguidores. Necesito medir tiempos. Aunque no sea una prueba competitiva, no quiero que me pase nadie; como bien dije antes: “mariquita el último”. Son unos 17Km de asfalto, que están repartidos en: 9 de subida, 2 de llano, 3 de subida y 3 de bajada. Se me hacen eternos. A Helios solo le hace falta un Mazo para poder rajar las piedras del calor que hace, aunque el mazo ya me está dando a mi, solo que del cansancio no estoy viendo al famoso tío que lo agarra. Rectas largas, curvas largas… miro hacia atrás y veo a Lolo de nuevo. Cámbate la peluca. No voy bien, no puedo dar más, y el me va cogiendo. Pero no puedo dejar que me coja. Apreto cuando puedo y aflojo de vez en cuando, esa sería mi estrategia mental hasta coronar la última subida. No va lejos, pero me va cogiendo poco a poco. Lo sé, y él también. Es más hábil bajando que yo. Yo he mejorado algo técnicamente, aunque no me conozco nada la bajada; aun así espero que no me coja antes de llegar a meta. Salgo del eterno asfalto y toco tierra, empieza la bajada hasta Vilaflor, se acabo lo duro (o eso creía yo).

Estoy reventado, ya no doy pie con bola. Atino en algunas curvas y en otras ya hasta me da igual. Curvas, curvas, baches, piedras, polvo, curvas… está complicadilla y suelta la bajada, en condiciones normales se haría sin mayores problemas, pero después de la tostada que llevo encima se me hace eterna, dura, y en cada bache que cojo me duele hasta en el número del DNI. Hay zonas más rotas y me dedico a pensar como trazar bien, no arriesgar demasiado y a llegar sano pero… me voy dejando ir, me voy confiando, el estrés de que me cojan por detrás me puede y en una de estas la famosa llanta de atrás pega en una roca y oigo ¡CLAN¡… me quedo en silencio por unos segundos. Me preocupo pero no oigo demasiados ruidos. Sigo moviéndome. No oigo nada. Miro atrás y veo que la rueda está descentrada. Si, he partido un radio. ¡Mierda! Espero que no me pase factura porque ya con el ruido que hace la cabecilla dentro del aro dando tumbos parezco una maraca de carnaval.

De repente termino de bajar y me encuentro con un trozo de subida. Me desmoralizo totalmente. Me quedo perplejo. Esos últimos 4 Km de carrera fueron tan laaaaargos como los 121 que había completado hasta ese momento. Maaaadre mía, esto me pasa por no mirar bien el recorrido. Menudo sinvivir. 8 repechos durísimos enlazados con algunos llanos y bajadas me faltarían por completar hasta salir de la zona de tierra. Voy a paso tortuga. No puedo más. Estoy desmoronado y encima me va a pillar. Joder, que tonto soy.

Foto: Toñi Cruz

Cada vez que veo a alguien de la organización les pregunto cuánto falta por llegar, cuántas subidas quedan y… que optimistas son. Otro paréntesis; consejo: a lo que estas personas te digan, multiplícalo por 2 como mínimo; te lo digo por experiencia. Que si te falta 1 Km, que si en una subida más ya llegas… “ Ganado son cabras y alguna que otra oveja”, o lo que es lo mismo, no has ganado hasta que no cruzas la línea de meta… y que lejos la estaba viendo. Si intentaban motivarme, la psicología era, en esta ocasión, doblemente inversa. Voy pasando los repechos como puedo, pero los paso hasta que llego al último, al último último de la tierra… pero vaya último, vaya rampas, vaya destrozo, vaya forma de acabar… que por poco no me bajo de la bici y lo hago andando. No había visto a mi perseguidor hasta la última rampa. Y lo volví a ver. Ya me desmoroné. Me cogió. Pero al parecer a él también le pasó factura el repecho. Tan empinado y largo era que la distancia en tiempo entre él y yo, aunque lo viese, parecía infinita. Finalmente no me cogió. Encaro 1 Km de asfalto entre las calles de Vilaflor y tras una rampa corta pero intensa precedida de otra rampa igual de intensa pero más dura y con el ánimo de todos los allí presentes cruzo la línea de meta. Ya está. Se acabó el infierno. Me cuelgan la medalla, aparco la bici y me tiro al suelo. Me duele todo. No puedo más, pero acabé. Menudo reto. Pobres de aquellos que aun sigan dando pedales, desde aquí mis respetos.

Foto: pedaleandoporcanarias.com

No voy a añadir nada más salvo una única cosa: la clave de estas carreras no es otra que comer y beber en sus tiempos justos; no pasar ni hambre, ni sed, porque si esa sensación nos llega… va a ser un dolor de cabeza hasta meta, si es que acabamos. La otra clave es marcarnos nuestro propio ritmo, ir de menos a más o, en mi caso, de menos a menos.

¡Nos vemos el próximo año! (Que conste que es porque lo pienso pasados unos días, porque me dices en ese instante de repetir y te mando a freír chuchangos con la misma).

Foto: Marta Gómez Cruz

2017

TEIDE 360: CRÓNICA GLOBERA DESDE DENTRO

CRÓNICA RETO TEIDE 360º DESDE ATRÁS

CRÓNICA DE UN GLOBERO

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